Criar con calma en la sociedad de la inmediatez

Se plantea casi como un imposible el acompañar desde la calma y la presencia la infancia y el desarrollo hoy día, rodeados de dispositivos electrónicos que generan realidades virtuales tan alejadas de la vida orgánica y real.

El mundo virtual se antoja como una galería de imágenes e información, en la mayoría de los casos ideales y sensacionalistas, que los usuarios consumen, como espectadores, sin límite aparente. Imágenes y contenido que les lleva a más imágenes y contenido, una especie de movimiento perpetuo que parece no tener fin. Empiezas leyendo un artículo y terminas viendo un vídeo de una receta o de una tabla de ejercicios, memes sin fin o guías de viaje. En función de tus preferencias, la máquina te guía hacia más contenido. Siempre más.

Basta que tengas un mal día o simplemente quieras descansar o desconectar de tu realidad, para agarrar tu dispositivo y entrar en la cadena de consumo virtual. Y ahí puedes permanecer unos minutos, o unas horas. En el mejor de los casos esto ocurre cuando estás solo o sola en casa, pero tristemente puede ocurrir cuando estás con tus hijos o en el trabajo.

La primera pregunta que se me ocurre es, ¿por qué las personas tienen la necesidad de desconectar de su vida? ¿Tiene algo que ver en esto el consumo de imágenes ideales que conducen a la sensación de insatisfacción de los espectadores? El consumo de ideales conlleva a experimentar de forma ampliada la sensación de insatisfacción, inherente a la vida de por sí, e impide desarrollar la capacidad de disfrute de la “imperfecta” realidad. Es decir, lo pone más difícil.

En medio de este panorama, de adultos enganchados al scrolling, están los niños. Niños que en mayor o menor medida, observan a sus adultos de referencia mirando una pantalla durante largos periodos de tiempo.

¿Cómo compaginar esta realidad con la crianza?

Toca ser más conscientes o darnos cuenta de nosotros mismos, de quienes somos, de nuestra realidad y de nuestra insatisfacción, para no caer en el abuso de lo virtual como escapatoria. Conectar con el cuerpo puede ser un buen punto de partida, desde la curiosidad y con amabilidad, descubrir lo que este nos regala. Sería como ponerse las gafas (y la piel) de un bebé que empieza a descubrir el mundo que lo rodea por primera vez y lo que este mundo le hace sentir.

Hablar sobre tus incomodidades con otra persona/s y si te lo puedes permitir, con alguien que haya recibido cierta formación en el arte de escuchar, como un terapeuta, psicólogo o psicoterapeuta. Tiranteces, dolores del alma, inseguridades, amarguras, insatisfacciones, todo esto está presente en todos nosotros.

Estar con tu cuerpo y hablar sobre tu experiencia te permitirá estar más presente para tus hijos y enseñarles a su vez la magia de vivir en el aquí y ahora.

Resolver tus conflictos te ayudará a no desesperarte cuando tus hijos te planteen retos. Entender que tu camino es único y que la solución a los problemas que se te presentan está dentro de ti hará que busques menos soluciones en la red.

En resumidas cuentas, criar con calma y presencia se basa en soltar el aparato, conectar con tu propio cuerpo y hablar sobre lo que en ti acontece. Estando así disponible para la crianza. Solo con esto, sientas las bases para una conexión real con tu hijo/a.

Con cariño,

Lucía.

Publicado por Montessori Maspalomas

Ambientes Montessori para niños y niñas de 18 meses a 6 años

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